Domingo 14 de Abril de 2024

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19 de agosto de 2023

INTERREGNO EN ARGENTINA

Antonio Gramsci hablaba del “interregno” como un momento en la historia en el que lo viejo que conocíamos no terminaba y lo nuevo no acababa de llegar. El marxista italiano analizaba esto viviendo en primera persona el avance del fascismo en Europa. Agregaba que en ese periodo de incertidumbre, aparecían los monstruos, claramente identificando a las hordas de nacionalistas italianos que aprovecharon las crisis de hegemonía burguesa para crear un falso sentido común y convencer ingenuos.

Por Fernando Barbarán

 

En Argentina se abrió este periodo hace rato. El punto de partida para analizar esto es el fin del gobierno de Cristina Fernández, el cual, sin cambiar la matriz económica argentina, que es neoliberal desde 1976, apostó por una presencia mayor del Estado en cuestiones más cotidianas de las personas y garantizando accesos a bienes de consumo o propiedades (vehículos, viviendas) a una clase media que lo había perdido luego de las medidas económicas de los 90. ¿El kirchnerismo creó una nueva tesis socio-económica en Argentina? No. Por eso el segundo punto de análisis es que, al acceder al gobierno el macrismo, se encontró con un escenario donde ya navegaba habitualmente: el sistema financiero funcionaba igual que cuando el padre de Mauricio Macri compraba empresas estatales baratas, las reventaba y les hacía pagar la deuda al Estado. También funcionaba bastante bien el sistema de economía de mercado, donde había niveles de consumo altos y un poder adquisitivo similar. Lo que modificó Macri de esa superestructura fue la desinversión del Estado en algunos sectores, pero solamente en los que afectaba a las clases trabajadoras. Sin embargo, la medida macrista que impactó gravemente en la sociedad fue retornar al Fondo Monetario Internacional (FMI). Mauricio Macri tomó la mayor deuda de la historia del país con este organismo internacional con el objetivo de favorecer a sus amistades políticas fugadoras de capitales. Las reservas del Banco Central disminuyeron, se liberó la compra-venta de dólares, toda la plata se fue al exterior y la deuda con el FMI no se reinvirtió en el país. Con este escenario se llega al tercer punto que termina de consolidar la crisis de hegemonía: el gobierno de Alberto Fernández que no quiso tomar las medidas necesarias para la estabilidad y los niveles de desempleo, pobreza e inflación se dispararon. Pandemia de por medio, sí, pero utilizando un discurso pseudo progresista, todos estos factores fueron necesarios para que de esta crisis de hegemonía emerja la fantasía libertaria.

 

Ahora bien, este escenario configuró una sociedad totalmente desilusionada e intolerante con la clase política. No es para menos, teniendo en cuenta la falta de respuesta del Estado en cuestiones centrales y un aumento cada vez peor de la incertidumbre económica, obviamente acelerado y generado por la misma clase dirigente. Se suma además una difusión de mensajes en redes sociales y noticias falsas, gestionados desde los grupos concentrados de poder (como ser todos los think tanks que crearon a La Libertad Avanza), que han impactado en el sentido común de las personas y se han instalados discursos de odios contra minorías o contra quimeras falaces libertarias.

 

La canalización de toda esa bronca y desesperanza la terminó aprovechando Javier Milei para terminar siendo el candidato a presidente más votado en las elecciones primarias en Argentina. Este falso profeta, se caracteriza por, justamente, viralizar discursos de odio por las redes sociales donde critica a las estructuras de poder, pero garantizando que la única salida es profundizar las medidas económicas neoliberales. Te promete que va a cerrar el Ministerio de la Mujer, pero no te asegura que anulará el acuerdo con el FMI. Por eso lo de falso profeta, te dice lo que querés escuchar por tu bronca dirigida contra una minoría o grupo social (en este caso el feminismo), pero no le discutís si vamos a seguir dependiendo de la plata que nos quiera o no nos quiera dar el FMI. Que además repito, es el principal problema económico en Argentina hoy en día. Lo fue durante la dictadura, lo fue con Alfonsín, lo fue en los 90 y lo es ahora.

 

Quizás la mejor falsa conciencia que crearon los libertarios, que comprueba la crisis de hegemonía y funciona para evitar que la alternativa sea la izquierda, es que acusan al comunismo de todos los males de la sociedad, de todos los problemas argentinos. Una idea, un partido o como le quieras decir, que jamás, nunca, gobernó el país, de repente se convirtió en los males eternos de la población. El liberalismo funciona entonces en dos sentidos: por un lado anula definitivamente la alternativa socialista al problema capitalista y por el otro afirma que es el capitalismo el único que puede resolver los problemas del capitalismo.

 

Ahí es donde nos paramamos nosotros. No desde el lugar fácil de la grieta o ser kirchnerista o antik. Solamente desde la suspicacia de no creer que dándole más poder al poder, más fácil y rápido se van a solucionar los problemas. ¿O en serio vamos a ser indiferentes con las propuestas de entregar la banca nacional, depender de una moneda extranjera y privatizar sectores públicos no es concentrar más poder económico en sectores que históricamente lo tuvieron?

 

La sociedad argentina es víctima de una estafa. Es cierto que el hartazgo es más grande, la situación no da para más y la clase dirigente solamente toma medidas contrarias a la realidad de la población que demuestran cada vez más el alejamiento entre los políticos y los problemas de la calle. Pero haber perdido la capacidad de discernimiento y vivir en base a afirmaciones de quince segundos de TikTok, nos van a salir carísimo como sociedad, como país y como economía.

 

Espero estar equivocado, pero el neoliberalismo lo viví y lo recuerdo.

 

Los que sabemos que el neoliberalismo es destructivo, quizás hoy nos cueste trabajar sobre esta base para convencer al resto. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de crear nuevas alternativas, revalorizar las ideas de humanidad y solidaridad y hacer el ejercicio necesario de la memoria para recordar que hubo momentos que sí pudimos superar la tesis tanto liberal, como la discriminadora.

 

Lo viejo no muere y no termina de cometer errores, lo nuevo no llega y genera entusiasmo. Eso sí, lo viejo no puede renovarse ni generar nueva confianza, lo nuevo solamente promete un escenario deshumanizante. Quizás, siendo optimistas de la voluntad, como diría Gramsci, emerjan las nuevas alternativas necesarias para salir de este aprieto social y económico.

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