Domingo 14 de Abril de 2024

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16 de febrero de 2024

COSQUÍN ROCK: LA BATALLA CONTRA LA CULTURA

Como si no fuesen pocos los problemas de la Argentina libertaria, el gobierno decidió meterse en una pelea enfermiza con el Cosquín Rock, con los artistas y la cultura desplegando el ejército de operadores de redes sociales. ¿Será que están tapando una nueva devaluación o será que piensan que siguen de campaña?

Por Fernando Barbarán

 

La pelea del gobierno contra el Cosquín Rock comenzó antes de comenzado el famoso recital de 24 años de edad. Todo empezó cuando una cuenta (¿falsa?) de X (ex Twitter) escribió en las red social lo siguiente: “El Cosquín Rock cuesta 4 millones de dólares hacerlo. ¿Quién lo financia?”. Entonces Javier Milei, el presidente de Argentina que se encontraba de gira en Roma suplicando una reunión con el Papa Francisco, a quien antes había tratado de comunista y diabólico, contestó comentado “Tsunami de chanes”, anticipando lo que sería una pelea enfermiza que mantendría durante el resto de la semana. Me detengo acá un segundo para aclarar que Milei tiene una especie de vicio con las redes sociales y no para de replicar o publicar contenido, como si estuviese en campaña. Yo no sé si alguien le maneja la cuenta y espero que sea así, porque si no es peligroso el tiempo que nuestro mandatario pasa en las redes, en vez de estar trabajando. Peligroso es también que la mayoría de sus interacciones en las redes sean auto-referencias, discursos de odio o fake news y réplicas de comentarios de cuentas falsas.

Pero retomando, mientras el ataque al festival por parte de Milei aumentaba, el productor del Cosquín Rock decidió contestarle y publicó: “Querido Sr. Presidente, hace 24 años empresarios privados, con entradas y marcas privadas y esfuerzos personales, lo realizamos (al recital). Además, se realiza en Paraguay, Uruguay, Chile, México, EE.UU. y España. Acá los artistas están en libertad, quédese tranquilo”. Lo cual es cierto. Muchos de los que nacimos escuchando rock nacional, siempre miramos con un poco de recelo al Cosquín Rock, ya que no solamente la grilla empezó a completarse con artistas del ámbito popero u otras categorías, sino que la invasión de marcas, precios inflados y capitalismo frívolo, nos distanciaban un poco de cómo nos fuimos conectando con las bandas de rock. Por eso, en los hechos, el Cosquín Rock es el festival más liberal que existe, pero finalmente fueron los liberales los que terminaron enojándose con este. No estoy contando además todo el anarco-capitalismo que se genera alrededor el recital: ventas de remeras, banderas, vasos, bebidas, sustancias, alojamientos, estacionamientos, transporte…

Lamentablemente, al productor José Palazzo le cayó encima el peso de las operaciones de redes sociales y el ejército de trolls salió a difamarlo, lo cual generó aún más movimiento en el lugar donde los libertarios juegan de local. Palazzo, quien por cierto se manifestó muchas veces en contra del kirchnerismo e incluso invitó a Patricia Bullrich al festival en la edición 2022, tuvo la mala suerte de encontrarse entre su trabajo y la producción de artistas que hace décadas se expresan libremente y esta nueva Argentina libertaria que todavía no entendemos.

Tal es así, que los artistas invitados se manifestaron libremente en el Cosquín Rock del 2024.

El primero fue Dillom, un trapero que tiene la costumbre de hacer covers del rock nacional en sus presentaciones. Esta vez interpretó Señor Cobranza de Las Manos de Filippi, pero modificó uno de sus pasajes para aludir al ministro de Economía: “A Caputo en la plaza lo tienen que matar”. Caputo inmediatamente salió a responder por las redes donde automáticamente le echó la culpa al kirchnerismo. Pero un lame botas llamado Jorge Monastersky estuvo más rápido y presentó una denuncia contra Dillom, por "incitación a la violencia y amenaza agravada", como si prácticamente se olvidaran todo el odio que transmiten estos tipejos por redes sociales. Así lo manifestó Juan Grabois, ex precandidato presidencial, que salió a defender a Dillom: "Hay que ser idiota para denunciar una canción de protesta. Para colmo, tu gobierno ofrece cárcel o bala, tus militantes amenazan con bombas y tiros, tus parapoliciales horca o exilio... Sin pizca de chiste. Este pibe está cantando. No hay credibilidad, firmeza, seriedad ni entidad. No se dan las circunstancias objetivas ni subjetivas. No tipifica. Volvé a la facultad, Jorge Monastersky".

El siguiente en agenda anti-gobierno fue Divididos, quienes, a través de su frontman Ricardo Mollo, dijeron mensajes en defensa de los intereses nacionales y de la cultura antes de tocar Amapola del 66 y Huelga de Amores.

Ya en el segundo día del festival, la banda mexicana Molotov volvía a presentarse en un Cosquín Rock. Las intervenciones de estos fueron directas. Después de su clásica canción Gimme The Power la banda puso en la pantalla gigante un mensaje que decía clarito: La Patria No Se Vende. También, pusieron uno por el #NiUnaMenos luego de HitMi. Pero el vocalista y guitarrista Tito Fuentes le dedicó la canción Puto al gobierno, diciendo en el medio: “Voy a aprovechar este espacio para decir que ‘La patria no se vende’, hijos de su puta madre”.

Se sumaron a las críticas al gobierno la banda de indie 1915, dedicándole un tema a Patricia Bullrich y Julieta Laso que convocó a “salir a las calles” y a no olvidarse que todavía rige el DNU vende patria del 20 de diciembre de 2023.

El público respondió a cada uno de los mensajes de sus artistas favoritos cantando las ya clásicas: “el que no salta votó a Milei” y “la patria no se vende”. Se vio entre la multitud también una bandera con la frase de Myriam Bregman: “Milei Gatito Mimoso”.

 

 

 

 

 

Pero el golpe más certero en esta pelea que el gobierno se la buscó solito fue el de Lali Espósito. Sin embargo, primero entender que acá hay una historia previa. Desde que Javier Milei ganó las elecciones hay un plan sistemático de ataques a la actriz y cantante acusándola de recibir millones de dólares por parte del gobierno anterior o hasta generar noticias falsas diciendo que Lali iba a dejar la música si ganaba Milei. La cantante no soportó y en el Cosquín Rock le dedicó un mensaje a sus atacantes: “Nadie nos va a sacar la música ni la cultura. Esto somos los argentinos. Esta canción es para los giles, los antipatria”. Luego interpretó su canción Quiénes son? donde modificó la letra para agregar: "Que si fumo, que si vivo, que si digo, que si bebo, que si vivo del Estado”.

La histeria del gobierno fue total y los operadores de redes sociales, no solamente salieron a ensuciar el festival, sino que se metieron en una pelea histérica, enfermiza, con Lali Espósito, teniendo como primer ariete, nada más y nada menos que al Presidente Javier Milei. El mandatario, como si no tuviese problemas en su gestión, se empeñó la última semana a dedicarle una catarata de posteos y entrevistas a Lali Espósito, denigrándola, mintiendo, fomentando el odio de sus seguidores hacia la artista y, repito, metiéndose en una batalla que no sé si es la más importante o la que más le debería importar a los argentinos.

Por ello, me surgen dos interrogantes. El primero es si realmente Milei está en condiciones mentales de gobernar, ya que el tiempo y el desgaste dedicado en esta batalla que él empezó, está como por fuera de las realidades del país; al final, la artista respondió con la altura de un presidente y el presidente con la normalidad de un artista. Mi otra pregunta es, ¿no será que todo es un plan sistemático para desviar las miradas hacia el “conflicto Lali” y así poder profundizar la devaluación, la crisis y la entrega completa de la soberanía?

Hubiera sido más constructivo para la Nación y sus habitantes que Milei haya salido a responder el documento de Cristina Fernández de Kirchner sobre las cosas favorables y contradictorias de su gobierno, que haberse metido en una guerra con una actriz de telenovelas y cantante pop.

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