Domingo 14 de Abril de 2024

EFEMÉRIDES NECESARIAS

13 de febrero de 2023

LEY SÁENZ PEÑA

El 13 de febrero de 1912 el Congreso de la Nación Argentina aprobó la Ley 8.871, más conocida como Ley Sáenz Peña, ya que fue propuesta durante la presidencia de este, que estableció el sufragio para la elección de autoridades gubernamentales. Lo cierto es que esta ley incompleta y excluyente, solamente fue una pequeña concesión de la clase dirigente argentina a las clases populares que cada vez crecían y agitaban más la escena nacional.

Sufragio en Argentina antes de 1912

 

Desde la Constitución Nacional de 1853, el sufragio y la elección de autoridades en Argentina era una verdadera fantochada elitista que caía en las contradicciones habituales ya que querían un sistema electoral para el país tratando de imitar a los europeos, pero no podían legitimar su propio poder a través del voto popular. Por eso se establecieron sistemas burdos e incoherentes, a base de represiones y muchas veces con excepciones o exclusividades provinciales, solamente para mantener a las clases dirigentes y sus instituciones de control.

 

Los sistemas de sufragios en Argentina antes de 1912 eran algo así:

 

Ley 140: Si bien la Constitución Nacional de 1853 no establecía ningún tipo de mecanismo electoralista, uno de sus autores intelectuales, Juan Bautista Alberdi, redactó la Ley 140 o la “ley de pureza del sufragio”. Como su nombre lo indica, la capacidad de elegir políticos representantes estaba reducida exclusivamente a “hombres de bien” que tuvieran la “racionalidad” para emitir un sufragio. El sistema para la emisión del voto según la Ley 140 era:

  • Ser mayor de 21 años.
  • Ser ciudadano argentino (obtener la ciudadanía también tenía características segregadoras de la época).
  • Se votaban listas de candidatos completas y la ganadora obtenía todos los cargos. Generalmente se repetían nombres en varias listas.
  • El voto se emitía escrita u oralmente. Cuando era escrito, la autoridad de mesa de todas maneras lo pronunciaba en voz alta.
  • Si bien estaban excluidos de emitir el voto los eclesiásticos, la Iglesia Católica cumplía un rol fundamental durante el acto eleccionario. Todas las iglesias funcionaban como asambleas electorales, donde se reunían los ciudadanos habilitados para votar y el sufragio se realizaba bajo el control y la mirada juzgadora de los funcionarios parroquiales. Así mismo, en ese momento, las iglesias todavía tenían más control en el registro de personas en general que el propio Estado.
  • Si alguna persona que no presentaba las características “morales” para votar e intentaban registrarse en los padrones, se aplicaba el uso de la fuerza pública para impedirlo.
  • El fraude y la manipulación fueron también características principales de la Ley 140.
  • Muchas provincias tenían variantes de las Ley 140, donde algunas solamente reducían el derecho a las familias de alto patrimonio, o excluían a trabajadores rurales y, si no, directamente ni se realizaban los sufragios y las autoridades se seguían eligiendo entre las familias más poderosas según los territorios.

 

Ley 207: En 1859 se promulga una nueva ley que no quitaba las características discriminatorias y excluyentes, pero sí obligaba a todas las provincias y presentar listas completas de candidatos.

 

Ley 75 de 1863 y Ley 209 de 1866: En el marco del fin de la Confederación Argentina y el ingreso de Buenos Aires a la República, luego de la victoria de Bartolomé Mitre en la Batalla de Pavón sobre Justo José de Urquiza, determinando la dominación completa de la Provincia de Buenos Aires sobre el resto del país, se establecieron estas dos leyes con el objeto de regular algunos procedimientos generales para el acto sufragante. Sin embargo, las características de fraude, manipulación, represión, exclusión de las clases bajas para votar y exclusividad de las clases dirigentes y la figura de la Iglesia Católica para dirigir el proceso continuaron vigentes. Para tener en cuenta, en las elecciones posteriores a la presidencia de Bartolomé Mitre bajo el régimen de estas leyes, votaron solamente unas dieciséis mil personas que le dieron la presidencia a Domingo Sarmiento, en un contexto, repito, donde las personas habilitadas para votar solamente eran unos cuantos representantes de la oligarquía nacional y el resto, si se preocupaban en registrarse, era para terminar preso de alguna manera.

 

Ley 623 de 1873: Promulgada durante la presidencia de Sarmiento, con esta ley se buscaba formalizar los registros de votantes según jurisdicciones y que tengan la obligación de renovarse cada cuatro años. El voto ya no era cantado, pero sí era público, ya que se anotaban las personas elegidas por votantes en listas oficiales, lo que le sirvió de estrategia electoral al Partido Autonomista Nacional (PAN) que amedrentaba, perseguía y manipulaba sufragantes, principalmente de las provincias, consolidando así, su poder desde 1874 hasta 1916. El PAN representaba los intereses de las familias terratenientes de Argentina y fueron los que establecieron el régimen oligárquico. Era literalmente el gobierno de unos pocos para unos cuantos con un marcado conservadurismo que, todavía hoy, sigue siendo el legado histórico de algunas familias y partidos políticos que heredaron esas tradiciones del PAN. Podemos reencontrar las visiones conservadoras “pansistas” en la línea histórica de la Década Infame, los gobiernos militares, el peronismo menemista y el más reciente proyecto político de Juntos por el Cambio y sus partidos de soporte.

 

Ley 4.161 de 1903: Ante la creciente demanda de partidos y movimientos políticos y un resquebrajamiento interno en el PAN, se intenta actualizar de alguna manera el sistema de sufragio en Argentina para poder seguir volcando la balanza hacia la clase dirigente. La Ley 4.161, también llamada de representación uninominal por circunscripciones, tuvo como objetivo dividir y descentralizar los poderes, como así también poder agregar el voto secreto. Joaquín Víctor González, uno de los exponentes intelectuales más importante que tiene la derecha, fue el encargado de escribir y presentar el proyecto. Básicamente, lo que planteaba era la división de postulantes por territorios y las candidaturas múltiples donde se puedan elegir más de dos representantes y aumente la competencia política. Esta ley fue novedosa, muy permisiva para la época y lo que podía soportar el orden conservador. En la primera prueba de aplicación, en el año 1904, si bien el PAN mantiene el Poder Ejecutivo y la mayoría legislativa, el diputado Alfredo Palacios del Partido Socialista y un referente del movimiento obrero nacional, obtiene la primera banca parlamentaria de un partido de izquierdas en Latinoamérica. Así entonces, el presidente Manuel Quintana, obviamente del PAN, no ve con buenos ojos esta medida y decide anular la Ley 4.161 y volver a las metodologías anteriores, como buen reaccionario.

 

Contexto socio-político en 1912

 

Entonces, ¿por qué se permitió la Ley Sáenz Peña?

Hacia 1912 el tejido social argentino era un poco complejo. Como había dicho, el PAN representaba a una pequeña porción de la sociedad, pero justamente era la que se llevaba las grandes ganancias que producía el resto de un país compuesto por varios grupos sociales.

En 1890, ocurre un levantamiento conocido como Revolución del Parque, debido a la crisis financiera que agobiaba el país (muy similar a las de ahora, se provocó por la toma desmesurada de deuda externa), la baja de salarios y un gobierno caracterizado por la corrupción, el autoritarismo y el unicato (definición que se le daba en la época a la “ventas de favores”, “coimas” y otro tipo de presiones a cambio de influencias). Quien concentraba toda la bronca era nada más y nada menos que Miguel Juárez Celman, cuñado de Julio Argentino Roca, jefe indiscutido del PAN. Del otro lado, si bien había algunos personajes también identificados con el conservadurismo y la más rancia oligarquía argentina, como ser Bartolomé Mitre y José Félix Uriburu, fue Leandro Alem el principal instigador del levantamiento, como así también ideólogo y posterior fundador de la Unión Cívica Radical (UCR). Quienes participaron y heredaron las tradiciones políticas de la Revolución del Parque, no solamente comenzaron a ser más protagonistas de la escena política nacional, sino que crearon el primer partido de masas de Argentina. En 1905, la UCR liderada por Hipólito Yrigoyen provoca otro levantamiento, pero esta vez con la consigna de establecer elecciones libres. Ya hacia 1912 la UCR contaba con una masa importante de afiliados y filiales partidarias en varias ciudades del interior. Cuenta la leyenda que Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen eran muy amigos desde pibes y que este último le propuso al entonces Presidente de la Nación sancionar una ley de sufragio universal.

Pero más allá de la insistencia democrática del radicalismo, nunca después vista, había otra capa social que atemorizaba al gobierno del PAN. Desde la creación del gremio Sociedad Tipográfica de Buenos Aires en 1857 hasta 1912 el movimiento obrero argentino fue en considerable aumento. La división del trabajo internacional y la aparición de nuevas técnicas, el crecimiento de la Universidad Nacional, la migración europea y el empuje de las ideas de socialistas, comunistas y anarquistas, dieron como resultado un movimiento obrero nacional que llegó a ser determinante en las relaciones de fuerzas. Para 1912 no solamente ya existían varios sindicatos divididos por rama o por actividad, sino que también estaban nucleados en organizaciones que promovían la unidad de la clase trabajadora, como ser la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) o la Unión General de Trabajadores. En ese entonces, los trabajadores y las trabajadoras del país contaban con otra visión, otra conciencia y entendían su situación de clase; es así que las huelgas fueron en aumento y contaban con una amplia adhesión en solidaridad, sin importar los sectores que se defendían. Las luchas obreras eran para las reivindicaciones de derechos de la clase trabajadora y sabían que las conquistas eran para todos y todas por igual.

En 1909, durante los festejos por el Día del Internacional del Trabajador y la Trabajadora, estaban reunidos los sindicatos, gremios y demás organizaciones obreras en la Plaza de Congreso y el coronel de la policía Ramón Falcón dio la orden de disparar indiscriminadamente contra la multitud. Ese día murieron once compañeros, por lo que la FORA y el Partido Socialista convocan a una huelga general al día siguiente y se adhieren organizaciones de otras provincias. El 4 de mayo se realiza el velorio de los asesinados y se agrupan unas trescientas mil personas en el cementerio. La policía vuelve a reprimir y asesinan a otro compañero. Estos acontecimientos se conocen como la Masacre de la Semana Roja. La huelga se extiende y finalmente el gobierno tiene que sentarse a negociar con los sindicatos. Posteriormente el gobierno de José Figueroa Alcorta felicita públicamente a Ramón Falcón por la actuación de la policía y un joven anarquista llamado Simón Radowitzky, pudo vengar la muerte de sus compañeros al atentar contra el auto del coronel y terminar matándolo. Las huelgas continuaron y la lucha por las reivindicaciones obreras no cesaron, mucho menos con la ley de sufragio ni con la llegada del radicalismo al poder, la cual empeoró la situación de la clase trabajadora.

Entonces, si bien la historia oficial cuenta que el PAN llegó a entender la necesidad de un sistema electoral más democrático y buscaba demostrarle así a su amada Europa cómo funcionaban de bien las cosas en Argentina, la realidad fue que la presión popular llevó a que los políticos dirigentes del momento sancionen una nueva ley de sufragio que permita conceder espacios a las masas y así calmar los ánimos revolucionarios de la época.

 

Ley Sáenz Peña

 

La Ley 8.871 fue tratada el 24 de noviembre de 1911 por primera vez en la Cámara de Diputados, luego pasó por los procesos en la Cámara de Senadores y finalmente, se sanciona el 10 de febrero y se promulga el 13 de febrero de 1912. Se incorpora a la virtual democracia argentina el voto para varones mayores de dieciocho años, obligatorio y secreto.

  • A la Ley Sáenz Peña hay que entenderla desde dos lugares: las sucesivas reformas al sistema electoralista que fue experimentando el régimen conservador que he explicado anteriormente en este texto y la necesidad del sufragio obligatorio, secreto y más abierto a la que llevaron las presiones populares. La Ley Sáenz Peña no es un hecho aislado, sino una constante reformulación de la clase dirigente y una concesión de reivindicaciones que terminaron otorgando a la población.
  • Así como la Ley Sáenz Peña es una adaptación de diversas leyes de sufragio, todas las reformas posteriores al sistema electoral argentino tienen una base sobre las doctrinas y jurisprudencia armadas por los intelectuales de la oligarquía. Por lo que el sistema electoralista en Argentina sigue teniendo bases conservadoras.
  • Esto me lleva al siguiente punto que es que tampoco la Ley Sáenz Peña es una vanguardia democrática como la quieren presentar a veces. Es simplemente una adaptación al modelo liberal mundial, pero no un símbolo de democracia. Es verdad que esta ley significa la aparición de las boletas, el cuarto oscuro, el padrón electoral, la incorporación de la minoría y todo lo que conocemos como “sistema democrático”, pero su promulgación no cambió las relaciones sociales en Argentina y la oligarquía continuó gobernando.
  • Tal es así que continuó gobernando que la palabra democracia es muy cara para los sentimientos argentinos. Cómo será que la Ley Sáenz Peña habilitó el juego político, que le permitió a la UCR llegar a la presidencia, pero tiempo después se consumó el primer golpe de Estado del país, abriendo la puerta a un periodo de constantes interrupciones a gobiernos populares, por lo que la democracia quedó una vez más a la merced de las clases dirigentes durante todo el siglo XX en Argentina.
  • Y si hablamos de democracia y representación, no podemos tener como ejemplo una ley tan excluyente como esta. Empezando que el voto a la mujer no estaba contemplado, sino hasta recién en 1947 (treinta y cinco años después) con la insistencia de Eva Duarte y su Partido Peronista Feminista. Después, quedaron relegados de esta ley varios grupos sociales marginados, como así también los habitantes en los Territorios Nacionales (los que no eran provincias aun). Sin contar que el mismo sistema no permitía la pluralidad de voces y representaciones políticas que recién hoy por hoy, de a poco, comienzan a aparecer.

 

Con todo esto, no estoy desmereciendo ni negando la necesidad de un sistema de sufragio inclusivo y la importancia que tiene ir a votar y cumplir el deber de ciudadano o ciudadana. Sin embargo, esta efeméride es necesaria, porque nos permite desmentir la historia hegemónica que pone en relevancia una ley electoralista desarrollada por la clase dirigente, pero que nos hace olvidar de la importancia de luchar por un sistema democrático que realmente garantice derechos.

">" style="float:right" />

FERNANDO BARBARÁN

Columnista en La Columna NOA

Columnista en Radio Novgorod

[email protected]

3875206852

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios