Miércoles 22 de Mayo de 2024

EFEMÉRIDES NECESARIAS

27 de abril de 2024

GRAMSCI, CONCEPTOS HEGEMÓNICOS

El 27 de abril de 1937 muere Antonio Gramsci en Italia, durante el periodo negro fascista. En el aniversario de su muerte recordamos la vida de este incansable pensador marxista que su praxis revolucionaria lo llevó desarrollar tres conceptos claves para la filosofía política: relaciones de fuerzas, hegemonía y partido.

Por Fernando Barbarán

 

Nino Gramsci

 

Antonio Gramsci, o Nino, como le decían de pequeño, nace al sur de Italia, en la Isla de Cerdeña el 22 de enero de 1891. En una Italia totalmente marcada por las diferencias regionales entre el norte industrializado y urbano, contra el sur atrasado y agrario. Antonio no fue la excepción y padeció las condiciones estructurales de haberle tocado nacer en la Italia meridional. De niño estuvo dos años sin poder ir a la escuela y cuando logró ingresar, solo se podía alimentar una vez al día por órdenes de los instructores. Desde los once años le tocó trabajar en una oficina pública haciendo mandados. Esto lo hace distinto, ya que, a diferencia de otros revolucionarios marxistas, Gramsci no salió del seno de una familia acomodada. Sin embargo, al haber experimentado desde muy chico los abusos de las clases altas italianas, desarrolló un profundo odio contra los ricos y los poderosos, que lo canalizó a través de la militancia política.

En 1911 viaja a Turín para estudiar en la Facultad de Letras, pero los recursos financieros escasos de su familia provocaron que tenga que estudiar y vivir en condiciones muy precarias, los cuales limitaron su paso por la universidad que abandona luego de cinco años de estudios. No obstante, su paso por Turín es revelador, ya que vive en primera persona las huelgas de los trabajadores industriales del norte italiano y determina así su orientación política hacia el socialismo.

Se afilia al Partido Socialista Italiano (PSI) y comienza a escribir en los diarios “El Grito del Pueblo” y “¡Avanti!”. Luego fundaría “La Ciudad Futura”, donde ya comienza a adquirir otro tipo de responsabilidades políticas para con el partido. De a poco va avanzando en el PSI hasta ser elegido como Secretario de la Comisión Ejecutiva, desde la cual aprovecha para vincularse con el movimiento obrero.

Mientras, en la Rusia zarista se produce la primera revolución socialista triunfante de la historia de la humanidad y los bolcheviques irrumpen en la escena mundial para cambiar las relaciones internacionales para siempre. Antonio celebra ampliamente esta victoria del proletariado e impulsa la visión bolchevique del marxismo hacia el interior del PSI como también para el movimiento obrero italiano. Aprovecha y adhiere al partido a la Tercera Internacional, luego de haber sido creada por Lenin. Gramsci sigue de cerca los análisis del líder bolchevique y comienza a hacer un paralelismo entre los soviets de Rusia y los consejos de obreros de las fábricas en Italia. Les apunta a estos ser la nueva base de la autonomía y autogobierno obrero, a diferencia de los sindicatos que solo estaban reducidos a la negociación con los empresarios; ve en los consejos una institución política dentro del movimiento obrero que pueda guiar al proletariado italiano a la revolución socialista.

Gramsci continúa con su militancia política a través del periodismo y otro diario: “El Nuevo Orden”. Este sale a la luz principalmente en las ciudades de Turín y Piamonte en el año 1919. Su lema era una de las frases que inmortalizaron a Antonio Gramsci: “Instrúyanse porque necesitaremos de toda su inteligencia. Agítense, porque necesitaremos de todo su entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos de toda su fuerza”.

Los años 1919 y 1920 son conocidos en Italia como el Bienio Rojo. Esto fue el ascenso de las insurrecciones obreras que son encabezadas por los consejos de las fábricas, agitados principalmente desde El Nuevo Orden y el ala más radicalizada del PSI. Sin embargo, la patronal logra imponerse y las revueltas proletarias son sofocadas. Si bien la derrota está compuesta por la indiferencia del ala reformista del PSI y la negación de participación de los sindicatos, se presenta en la escena política italiana un nuevo fenómeno: el fascismo. Estos son un grupo extremadamente violento de personas que se ponen al servicio de los empresarios y los terratenientes, con la finalidad de atacar a las clases trabajadoras, logrando el apoyo de sectores medios de la sociedad, trabajadores desocupados, algunos desclasados y oportunistas-conformistas (como lo fue La Liga Patriótica en Argentina a principios de siglo o en la actualidad el partido La Libertad Avanza). Su discurso es conservador y nacionalista y sus prácticas, si bien eran ilegales, comienzan a ser avaladas por el Estado.

Luego de esta derrota de la clase obrera y del avance del fascismo, comienzan una serie de rupturas hacia el interior del PSI. Antonio Gramsci decide entonces fundar el Partido Comunista Italiano (PCI) en 1920 para continuar con el programa político de los consejos de obreros de las fábricas y adherirse a la Tercera Internacional que se apoyaba en la incipiente Unión Soviética.

Para 1922 toma el poder el fascismo en Italia y las cosas se tornan complicadas para el movimiento obrero y el PCI. Sin embargo, logran obtener bancas parlamentarias en las elecciones de 1924 y Antonio Gramsci asume como diputado por Venecia. Asume con entusiasmo sus funciones, vuelve a consolidar al PCI, potencia la prensa partidaria y la organización obrera en las fábricas, pero el fascismo inmediatamente implanta un régimen de persecución y violencia, totalmente avalado por los empresarios industriales, los terratenientes y el Vaticano. Gramsci es perseguido por los fascistas y lo encarcelan en 1926.

Comienza una etapa difícil para Antonio. Es trasladado a diversas cárceles del país, para que no pueda hacer militancia interna en ninguna penitenciaría, como había hecho la primera vez que estuvo encerrado cuando organizó una escuela para presos. No lo dejaban leer, escribir, ni recibir visitas. Recién en 1929 le otorgan un permiso para poder escribir y comienza a redactar lo que se conocerían como los “Cuadernos de la Cárcel”, donde se encuentran los principales aportes de Gramsci a la teoría marxista. Estos son recuperados, organizados y publicados luego de su muerte por la Unión Soviética.

Al momento de su sentencia, un juez fascista dijo una frase tristemente célebre: “tenemos que prohibir a este cerebro funcionar por unos veinte años”. Antonio Gramsci es, junto con Nelson Mandela (ambos de ideologías marxistas), los presos políticos que más tiempo estuvieron encarcelados.

Por la gravedad de su estado de salud, le otorgan a Gramsci un permiso de libertad condicional para que pueda ser trasladado a un hospital. Le ofrecieron un exilio hacia la Unión Soviética, con la condición que le “de las gracias” a Benito Mussolini, pero Antonio se negó. Muere finalmente el 27 de abril de 1937 internado por una hemorragia cerebral.

Años después, los partisanos comunistas italianos, identificados con el PCI y las ideas de Antonio Gramsci, derrotan al fascismo en 1945 y linchan públicamente a Mussolini en una plaza de Milán.

 

Aportes teóricos

 

Relaciones de fuerzas

 

Este concepto de las ciencias políticas es bastante utilizado y fue desarrollado por Antonio Gramsci. Según este, el poder nunca está fijo en la sociedad, sino constituido por relaciones de fuerzas entre las clases sociales y sus instituciones. Las instituciones pueden ser las económicas (las industrias, las empresas, el mercado), las del Estado (los poderes ejecutivos, legislativos, judiciales y las fuerzas represivas) y las de la sociedad civil o las intermedias (escuelas, iglesias, organizaciones no gubernamentales, clubes, sindicatos, entre otras). Todas estas forman el conjunto de las relaciones de fuerza que, como dije previamente, están en constante movimiento. Las clases trabajadoras y los revolucionarios nunca deben estar pasivos en esta tensión; deben tomar la iniciativa para volcar las relaciones de fuerzas a su favor y consolidar el poder. Muchas veces se utiliza el término de las relaciones de fuerzas para explicar las reivindicaciones sociales. Por ejemplo, en Argentina las relaciones de fuerza que ejercía el movimiento obrero permitieron la aparición de un personaje como Perón en la historia nacional, como así también las reformas laborales o la aprobación del voto femenino; en un momento esas relaciones de fuerza se tensaron y el grupo hegemónico, con violencia, ejecutaron golpes de Estado y dictaduras sangrientas en el país.

Las relaciones de fuerza construyen hegemonía. Lo hacen a través de la violencia y el consenso. El sistema capitalista ejerce violencia contra la clase trabajadora (de movida a través de la explotación) y consenso con las instituciones aliadas. De esta manera consolida su hegemonía. Mientras más crisis tiene el capitalismo, mayor violencia implementa (ajustes, hambre, desocupación) y cuando más consolidado está su poder, es más pacífico, no por eso menos explotador.

 

Hegemonía

 

El capitalismo es hegemónico, porque está construyendo su poder constantemente. Primero hay que entender que la hegemonía no es solo económica, sino que es también política y cultural. En la vida cotidiana y a lo largo de la vida del ser humano, las instituciones de la sociedad civil o intermedias, reproducen constantemente el discurso hegemónico para crear un sujeto social cada vez más conforme al sistema capitalista. Pensemos solamente en todas las personas que, formando parte de la clase asalariada y afirmando que el sistema económico no funciona y no resuelve los problemas, no creen que exista otra forma vivir que no sea en el capitalismo. Miren si no estará hegemonizado ese pensamiento. Todas las instituciones económicas, estatales o intermedias funcionan con el mismo mecanismo de reproducción de la hegemonía cultural.

Gramsci explica que todo el proceso de desarrollo de la hegemonía consiste en generalizar los valores de un sector social explotador, sobre otro explotado. Generalmente, estos valores son los definidos por la clase que ejerce la hegemonía, pero siempre existirá un sector contrahegemónico que se ve perjudicado por la reproducción de esos valores, a veces más, a veces menos.

La contrahegemonía puede crear poder modificando las instituciones económicas, estatales y de la sociedad civil para que les sean funcionales a la clase explotada y le quiten influencias a la clase explotadora. Podemos ver ejemplos de esto en experiencias como la del bolivarianismo en Venezuela que crearon instituciones intermedias de fuerte poder y control popular o también pude ser el ejemplo en Bolivia, que durante los años de gestión Evo Morales-Álvaro García Linera se implementaron nuevas formas de gestión económica social en empresas, industrias y mercado.

Por otro lado, la contrahegemonía tiene que dar la batalla cultural. Para romper esa hegemonía y ese falso sentido común, es necesario analizar críticamente el sentido común que predomina en la sociedad para reducir sus puntos reaccionarios y hegemónicos y potenciar los puntos progresistas. Por ejemplo, el tema del cristianismo y sus valores contra las prácticas de la iglesia. El sentido común está tan dañado que mucha gente prefiere cobijarse en el cristianismo pensando que impulsan sus valores originales, pero en realidad están dándole poder hegemónico a una de las instituciones más peligrosas y abusivas del poder real.

 

Partido revolucionario

 

Como dije anteriormente, Gramsci le presta mucha atención al tema de la hegemonía pedagógica (la reproducción del sentido común y la hegemonía de clase a través de instituciones como la escuela) y lleva esta observación a la necesidad de construir un partido revolucionario que a la vez sea el educador de la clase obrera para evitar que esta caiga en la hegemonía burguesa. Gramsci insiste en que la hegemonía del proletariado consiste en dirigir política y culturalmente a los obreros, campesinos e intelectuales y dominar por la fuerza a la burguesía, consensuando con las instituciones aliadas (sindicatos, organizaciones rurales campesinas, movimiento estudiantil) y conflictuando con los enemigos (mercado, empresarios y patronal). A todo esto, el partido revolucionario lo logrará a través de la praxis, es decir la voluntad política constante de dirigir el movimiento obrero, presionar las relaciones de fuerza y tomar el poder definitivamente.

 

“Hay que actuar con el pesimismo de la inteligencia y con el optimismo de la voluntad”. Antonio Gramsci.

 

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