Domingo 14 de Abril de 2024

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19 de febrero de 2023

NOVGOROD ANALIZA: PARTE I - QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA NUEVA EXTREMA DERECHA

La toma del Capitolio en Washington o el ataque a la sede de los tres poderes constitucionales en Brasilia, el intento de magnicidio a Cristina Fernández de Kirchner en la puerta de su departamento en Buenos Aires o el asesinato de militantes sociales en manos de las fuerzas de seguridad en Juliaca (Perú), son acontecimientos que marcan un clima de época mundial. Estos tiempos están caracterizados por el ascenso de la extrema derecha, tanto en la política, como en la moral de las sociedades de las primeras décadas del Siglo XIX.

Qué es la nueva extrema derecha

 

Es histórica: Si bien es la “nueva” derecha, no deja de contener confianza histórica heredada de los grupos fascistas que irrumpieron en el poder en base a la violencia, formándose en partidos paramilitares, como ser el caso del Partido Nacional Fascista en Italia y el Partido Nacionalsocialista Obrero de Alemania. Las similitudes de acción son similares a las que utilizaban estos grupos, principalmente en la construcción de mensajes de fácil reproducción para buscar enemigos invisibles, generar intolerancia social y esquivar la mirada de las masas asalariadas a las críticas del sistema capitalista.

 

Es intolerante con la sociedad: Una de las principales características de la nueva derecha es la intolerancia social que tienen sobre los grupos minoritarios. Generalmente se echan culpas a los movimientos feministas, a las organizaciones sociales, a los beneficiarios de planes de ayuda estatal, a los migrantes, a los pueblos originarios y a las clases populares en general sobre los males de la sociedad. Sin un objetivo concreto, sino con ataques de todo tipo, la nueva derecha se encarga de estigmatizar a estas minorías y descargar sobre ellos su indignación social. Las feministas son asesinas, los beneficiarios de ayuda estatal son vagos, los migrantes vienen a robarnos nuestro trabajo, los pueblos originarios solo saben cortar ruta, solo por poner algunos ejemplos. Esta intolerancia social posee además un fuerte contenido de hipocresía, porque por lo general, quienes repiten estos discursos de odio, forman parte de algunos de esos grupos sociales a los que atacan.

 

Es violenta discursivamente: En esta confusión y variedad de enemigos sobre los cuales depositar las frustraciones personales, la nueva derecha apela a una serie de mensajes, reproducciones y paquete comunicacional para vomitar ese odio infundado. Esta violencia discursiva consiste en mensajes cortos, frases armadas y carentes de cualquier argumento. Sin embargo, su efectividad es alta, por lo que muchas veces esos discursos terminan sirviendo de ejecutadores de acciones violentas. Por ejemplo, el asesinato de Lucas González, jugador de Barracas Central de 17 años que le disparó un policía que militaba para uno de los partidos políticos de extrema derecha que días antes habían conseguido una buena victoria en las elecciones legislativas en Argentina; la violencia discursiva sobre el gatillo fácil funcionó como excusa para matar un pibe inocente.

 

Es conspiranoica: La conspiranoia se define como la convicción obsesiva de que determinados acontecimientos de relevancia en la vida diaria son el resultado de una serie de acciones de grupos de personas que buscan un objetivo, principalmente político. Estas creencias proponen una visión paranoica del mundo, que sitúa, en el centro del desarrollo de la historia, narrativas nacidas de un imaginario más o menos delirante cuya realidad no está en absoluto demostrada. El conspiracionismo, por lo menos desde el Siglo XX, ha sido utilizado por la extrema derecha para satisfacer sus necesidades destructivas de la sociedad, desviar la atención de los problemas subyacentes que genera el propio capitalismo, identificar fácilmente culpables de los males sociales y para construir un mensaje hegemónico que le permita avanzar políticamente de manera rápida y en ambientes seguros. Las teorías conspiranoicas las utilizaron los nazis (culpando a los judíos de la crisis económica) y lo utilizan los libertarios en la actualidad (ya sea con el tema de las vacunas o tratando de culpar al “marxismo cultural” de los problemas).

 

Es especialista en gestión de redes sociales: Una de las mejores habilidades de la nueva derecha es la capacidad que tienen para difundir rápida y efectivamente la violencia discursiva y las conspiranoias. La ventaja que otorgan las redes sociales es que están exentas de la formalidad, entonces así es más fácil difundir noticias falsas sin tener que hacer descargos de la misma o ser denunciados por dar información incorrecta. Sucede seguido con periodistas operadores o políticos de derecha que en los medios de comunicación formales son moderados, pero en sus redes sociales tienden a ser más irresponsables respecto de la información que comparten (caso de Eduardo Feinmann por ejemplo). Otro tema con las redes sociales es que tienden más a la emoción que a la información, otra característica clave en la construcción del falso sentido común. La herramienta más utilizada para esta desinformación es el meme, que sirve para dar un resumen híper escueto de una opinión, reduciendo la capacidad de discernimiento de las personas. Por ejemplo, actualmente circulan muchos memes con los valores actuales del dólar norteamericano respecto al peso argentino, comparándolo con los valores de la época del gobierno de Macri; la noticia genera indignación naturalmente, porque nominalmente el dólar está más alto, pero no se pone en discusión la toma de deuda del Estado argentino con el FMI y la fuga de reservas que ocasionan ese aumento, simplemente la indignación de un dólar que se considera, en la actualidad, más caro que el del gobierno de Macri. El problema de raíz pasa así desapercibido.

 

Es religiosa: Un condimento que no posee la mayoría de los militantes de la nueva derecha, pero que no deja de ser importante, es la intervención de grupos evangélicos en las organizaciones políticas de extrema derecha. Uno de los ejemplos más claros es Bolsonaro en Brasil, pero en sus bases, las iglesias tienen fuerte influencia sobre las poblaciones.

 

Es antipolítica y antidemocracia: Otra característica, más presente en la política discursiva, es la de la “antipolítica”. Las bases militantes de los grupos de extrema derecha expresan abiertamente su bronca contra la burocracia política y contra la democracia y sus instituciones. Esto es una de las mayores contradicciones que se les presenta, ya que la clase dirigente es la que ocupa y conformó la clase política, sin embargo la atacan. Se podría decir que no es solamente una contradicción, sino un conflicto interno de la derecha, ya que en un posible escenario de victoria extrema de estos, se darán cuenta que la torta se reparte entre la clase explotadora y no los explotados. Por otro lado, la bronca está depositada en las instituciones de la democracia; también hay contradicciones, porque por un lado se la dan de republicanos, pero por el otro defienden modelos de autocracias o critican instituciones de base estatales, como ser las de salud o educación pública, que no dejan de ser avances dentro del modelo democrático occidental.

 

Es organizada y militante: No se puede negar la capacidad de organización y movilización que ha desarrollado la derecha. Episodios como los del asalto a las instituciones en Brasilia demuestran la coordinación que poseen y amplitud de militantes, todos volcados a un frenesí de falsa rebeldía que no pretenden romper con el sistema, sino exacerbar sus condiciones de represión y explotación.

 

Qué no es la nueva extrema derecha

 

No es liberadora: La nueva extrema derecha, si bien funciona perfecto en lo discursivo, no llega para liberar a las personas de sus males. Con esto voy con que se le ponen adjetivos y responsabilidades a sus líderes, pero a estos no les interesa resolver todas las frustraciones que aquejan a las personas. Hagamos de cuenta que quitan los planes sociales, todos, quien se queja no va a dejar de ser un asalariado (o benefactor de ciertos planes sociales). Si bien, arruinó a quien considerabas tu enemigo o el culpable de la falta de tu progreso, tus condiciones no van a cambiar con esto, porque el problema de raíz, que es la explotación del hombre por el hombre, seguirá intacta. Un ejemplo bien cercano que tenemos es el de las tarifas con el macrismo, el gobierno de ese momento cumplió con reducir la ayuda estatal, pero los votantes se vieron afectados con la medida que ellos mismos aplaudían. La nueva extrema derecha no trae ánimos de liberación, por más títulos con sinónimos que se pongan en sus partidos.

 

No es rebelde: A pesar de las prácticas de los últimos años que caracterizan a la nueva derecha, no puede considerarse rebelde un movimiento que juega de local en la cancha del sistema. No fueron lo mismo las manifestaciones de diciembre del 2001 que dejaron treinta y nueve muertos en manos de las fuerzas de seguridad que los militantes de Revolución Federal llevando una guillotina a la Casa Rosada con la ayuda de la policía. Hay frenesí en las turbas bolsonaristas ingresando a los edificios públicos de Brasilia, pero no hay rebeldía si lo hacen con la policía aplaudiéndolos mientras le sacan fotos como si fuesen jugadores de fútbol. Solo por mencionar, las dos revoluciones más grandes en la historia de la humanidad, la Francesa y la Rusa, se ejecutaron combatiendo contra las fuerzas del orden, modificando para siempre las estructuras sociales, políticas y económicas de la sociedad.

 

No posee liderazgos comprometidos con sus seguidores: Los representantes de la nueva derecha son líderes populares, pero sin identificación con sus seguidores. Esto no haría más que acelerar los fracasos ante una posible irrupción de la extrema derecha en el poder. Por ejemplo, desde Macri hasta Milei, no hay un solo dirigente que pueda tener un vínculo directo con sus seguidores. No conocen sus problemas, solamente comparten el odio hacia el otro. Y pero aun, pueden quedar acéfalos ante los acontecimientos de rebeldía, como ser la soltada de mano a Sabag Montiel luego del intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner, la ausencia del Secretario de Seguridad de Brasilia durante el ataque de militantes bolsonaristas o la negación de Trump a los grupos que ingresaron al Capitolio.

 

No son fraternos: Los militantes de la nueva derecha, en su vorágine odiadora y discriminatoria, no anticipa un futuro humanitario, donde todos puedan realmente vivir en condiciones dignas. Históricamente los procesos de derecha terminaron en muertes masivas de personas. El odio parecería ser como una instancia salvaje del ser humano y la tolerancia una etapa superior, que lamentablemente se alcanza con educación e información, la cual en estos tiempos corre vil y falsamente.

 

La nueva derecha cautivó a millones de personas con su agresividad discursiva. Sin embargo, estos delirios son simplemente una interpretación individual, atemporal e inconexa de los problemas de las personas. Así lograron esquivar la mirada del problema raíz, que es el capitalismo y su constante renovación para poder seguir funcionando como el sistema explotador que es, el cual necesita de un porcentaje de la sociedad en extrema pobreza e indigencia o desempleo para poder subsistir.

 

Fernando Barbarán

Radio Novgorod

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