Jueves 13 de Junio de 2024

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16 de marzo de 2023

EL INFIERNO ESTUVO ENCANTADOR (OTRA VEZ)

Una misa que nos dejó tiesos de regocijo de poder seguir apreciando a unos de los mejores “rifferos” del rock vernáculo, que sigue agregando nuevas texturas a sus creaciones...

Por Raúl Alvarado

“…pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras de ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca. La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo; la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un: "....Ahhhhh!!!...”

Jack Kerouac. On the road. 1957.

 

Sábado 3 AM. Entre la ansiedad y el calor-humedad no puedo dormir. Mi compañera si lo hace plácidamente. Las imagenes se suceden como un moebius, sin parar, locamente, borrosas. Son los recuerdos que no mienten nada, del último recital de Patricio Rey, allá por el 4 de agosto del 2001, meses antes de que estalle la crisis, aquella donde el amo jugó al esclavo.

La ansiedad despega mi cuerpo del sommier, reviso la mochila para comprobar que no me olvido nada (siempre uno se olvida algo); me voy a la cocina, el sueño no aparece, prendo la computadora y reviso los apuntes de la columna sobre Bowie que balbucearé en radio, el sueño no da señales de que se hará presente, es más, creo que se asusta por el grado de ansiedad que porto, rayana con la locura, dentro de unas horas voy a ingresar al coliseo a prenderme fuego. Me voy a “Tucson”, junto a una “… banda inconsolable de perros sin folletos, brujas de alma sencilla…”, parto hacia el recital de Skay.

El viaje es una rémora de otros viajes, con la misma intensidad, donde de fondo suena una play-list de temas que ameritan para la ocasión, pero que provoca que la expectativa aumente. Llegamos, la ciudad nos recibe con su acostumbrada bienvenida: un calor atroz, digno de un Luzbelito. No importa nada, solo que la hora señalada llegue. Nos ubicamos en aposentos cómodos, donde la alegría de una ducha y la blandura de la cama, sirven para descansar los huesos. Se acerca la hora, nos disponemos realizar una pequeña previa, aparece una guitarra y un par de cervezas, que amenguan la expectativa.

Salimos a la calle que es nuestra a pesar del calor. A lo lejos divisamos el “coliseo” en esta ocasión es un pequeño estadio cubierto: Club Sportivo Floresta. En las calles aledañas se concentran “…lunáticos diamantes, prometidos de carne, lánguidos, impalpables…”, todos a la espera que se presente en el escenario el corazón de Patricio Rey. 21:35 la ansiedad nos gana y raudos o cómo podemos comenzamos a esperar el “checking” de nuestras entradas y nuestros cuerpos, por suerte los sorteamos sin problema. Estamos adentro, el calor ayuda a que los corazones se aceleren y pequeños arroyos de transpiración se deslizan por nuestros cuerpos. Comienza el ritual de fotos para obtener los documentos necesarios que avalen que una vez más, estamos en una misa. Los minutos pasan y no pasa nada, se hacen horas. Minutos después de la medianoche surgen los músicos encabezados por el Flaco Skay, con una primaveral camisa y pose de sacerdote de la diosa Kali, Richard Coleman guitarra, bajo a cargo de Claudio Quartero y la potencia de Leandro Sánchez en los parches.

Arranca con La Luna en Fez la lista de 20 canciones que son un recorrido de clásicos ricoteros y hits de los 7 discos editados en la etapa solista. Momentos sublimes se presentan en Ji,Ji,Ji, Todo un Palo, Golem de la Paternal, El sueño de la calle Nueva York (compuesto en dupla con Hugo Lobo) cerrando con Callejón. En este recorrido musical no faltaron los cánticos de la hermandad, el pogo más grande del mundo, la expresión del cariño del público hacia el músico, cuando un Pituca logró burlar la seguridad y se hizo presente en el escenario y con un abrazo le dejo al Flaco el cariño y respeto de cerca de 3000 almas, también pudimos ser testigos de que la Negra Poli, sigue de cerca los pormenores del show.

Una misa que nos dejó tiesos de regocijo de poder seguir apreciando a unos de los mejores “rifferos” del rock vernáculo, que sigue agregando nuevas texturas a sus creaciones como fue la versión de Todo un Palo; que sigue siendo un artesano sin alejarse de la psicodelia de Taxi Rural (su primera banda), y que los sobrio Richard Coleman y Claudio Quartero y el explosivo Leandro Sánchez, que con sus rulos y dobles bombos fueron el condimento necesario para crear un clima de pogos y miradas al cielo que pedían, rogaban que la fiesta no termine nunca.

Nuevamente la calle, la excitación se mezcla con el cansancio y junto con la afonía nos recuerda que estuvimos nuevamente siendo un “público respetable” y que el infierno estuvo encantador.

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