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ACTUALIDAD

3 de julio de 2023

MARGINALIZAR PARA CONTROLAR

No hay que esperar que ocurra un hecho detonante para darnos cuenta que la violencia es el pan nuestro de cada día. Lo que hay que preguntarse es si ese menú “violento” que es tan adictivo como las harinas, es real o es creado.

Por Herodes Quipildor

Preguntarnos si esa violencia que se vende en los hiperreales noticiosos de toda hora tiene que ver con nuestra vida diaria o es un show que esconde en el fondo la instalación de un escenario político-social funcional a un discurso ideológico determinado.

Para desmenuzar esta hosca y torpe proposición vamos a traer algunos conceptos necesarios.

El “populismo punitivo” se define como la línea ideológica de los sectores de poder, detenten el gobierno o no, que apuntan a explotar las inseguridades de la sociedad para ocultar ciertos debates sociales y criminalizar selectivamente ciertas conductas y sectores sociales con la consecuente restricción de libertades fundamentales.1 Y en ese proceso de criminalizar selectivamente ciertas conductas, pero sobre todo ciertos sectores, se trasunta la necesidad del capitalismo de controlar a los sectores marginalizados. Digo marginalizados porque decir marginales habla de una condición per se, en cambio en el verbo marginalizar se expresa una acción deliberada de, indistintamente lo individual, relegar a un sector de la sociedad a la escasez de ingresos, a la informalidad laboral y a condiciones de vida miserables. Aquí es necesario no personalizar ni caer en discursos paternalistas del tono de que vivimos en un capitalismo siniestro, salvaje, malo, etc. seguido de que los desprotegidos son incapaces de defenderse y toda la sarasa progre. Lo que hay que poner sobre la mesa es que es una necesidad estructural del capitalismo tener un ejercito de marginados que garantice la ley de hierro de la oferta y demanda, en este caso laboral. Ahí parecería cerrarse un debate en cuanto a lo “siniestro” del sistema, en dirección a que no se puede personalizar a lo que no tiene rostro, porque hacerlo sería pedirle “piedad”, “responsabilidad” “sensibilidad” a una máquina, es como gritarle a una sierra sin fin que pare porque el brazo de un bebe está por ser cortado…

Cerrado el debate, o abierto, como se lo prefiera ver, hay que buscarle los hilos a la premisa tenemos tan instalada: la culpa de la inseguridad es del pobre, porque esa también es una construcción social y una manifestación netamente política. Para eso es menester aclarar que se entiende por discursos populistas como la búsqueda tribunera/falaz de una solución a un problema innegable en la sociedad, por lo cual aplica tanto a sectores de poder tanto de derecha como los llamados progresistas, de centro, e inclusive a los autopercibidos de izquierda.

Entonces, endilgarle todos los males a los sectores marginados sirve como chivo expiatorio para no discutir el fondo de la cuestión y diseñar políticas públicas realizables, falaces, inútiles pero realizables,lease: plagar de policías los barrios, cercar los centros urbanos, agudizar la violencia institucional. Porque tampoco le pongamos tantas esperanzas a la “inteligencia” de los sectores gobernantes, hacen lo que les queda cómodo, es decir que son reaccionarios y fascistoides también por snobismo y pereza intelectual.

Así las cosas vemos como se relativizan los derechos y garantías de los sectores marginalizados al punto de despojarlos de la condición de “ciudadanos” e incluso relativizando su condición de “personas”, así de brutal, así de sencillo. Eso, que en teoría jurídica se llama derecho penal de enemigo en el llano se entiende como desprecio por el diferente mediatizado por un sentido común idiotizado. Queda pendiente la discusión sobre el llamado “sentido común” pero baste decir que es la construcción ideológica en la que se vuelcan, bajo sofismas varios, los valores de la clase dominante sobre el total de los sectores de la sociedad, teniendo para cada sector una forma diferente y eficaz para imponerse.

Para no seguir perdiendo el hilo conductor decimos que la categorización de los marginalizados como no-personas y no-ciudadanos, los deposita en una virtual incapacidad o minoría de edad que debe ser “controlada”. De esta premisa surgen dos avenidas que llevan al mismo lugar: asistencialismo y punitivismo. Controlar a fuerza de comida y palos. Desasir de derechos y garantías a un sector que no sabe razonar, no es capaz de ejercer sus derechos y a la vez endilgarle los males de la sociedad. Baste ver cómo se componen las cárceles y quienes hacen largas filas en el ANSES. Es duro, incluso irritante, pero es así.

Discurrir sobre las soluciones y el “debería ser” no es el objeto de este artículo pero sí poner sobre la mesa algunos elementos necesarios para la discusión sensata de las groserías que nos aquejan.

 

1Populismo punitivo, o cómo se instrumentaliza el dolor de las víctimas. LAIA SERRA – FUENTE: https://www.pikaramagazine.com/

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