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3 de julio de 2023

NOVGOROD ANALIZA PARTE II: BREVE HISTORIA ELECTORAL EN ARGENTINA

Desde 1983 y los cuarenta años de democracia ininterrumpida, esta será la primera vez que en Argentina se disputarán dos frentes de centroderecha la Presidencia de la Nación.

“El hombre que hace falta”1

 

Con la victoria del radicalismo alfonsinista se inició el periodo democrático más extenso en la historia nacional, luego de una serie de golpes de Estado que impidieron la participación ciudadana en política, el debate de ideas y gobernaron ejerciendo el terrorismo de Estado y la entrega de los recursos nacionales a capitales extranjeros. La Dictadura Militar antecesora dejaba el país desbastado, con una situación en materia de derechos humanos delicada, el mayor endeudamiento del país hasta ese momento, la herida abierta de la Guerra de Malvinas y una inestabilidad social enorme. Estos comicios se hicieron utilizando las reglas electorales del texto constitucional de 1957, redactado por la dictadura de aquel entonces.

Las elecciones estuvieron polarizadas entre los dos partidos de masas principales de Argentina: el peronismo y el radicalismo.

Raúl Alfonsín, el vencedor, enfocó su campaña en discursos progresistas, proponía la instalación de un gobierno socialdemócrata, el cual, además de mejorar la situación social, trabajaría en condenar los delitos de lesa humanidad de la Junta Militar. Lo hizo, pero le costó caro. Los sectores más conservadores, aprovechando todavía sus influencias, provocaron una serie de medidas desestabilizadoras de un nuevo gobierno democrático: sublevaciones militares, fuga de capitales e hiperinflación. Alfonsín tuvo que llamar a elecciones anticipadas y retirarse del gobierno con la finalidad de salvaguardar la democracia.

El peronismo por su parte enfrentaba una interna compleja. En principio, Perón, líder absoluto del movimiento, ya no estaba para dirigir los caminos políticos. Tampoco estaba muy clara la posición de los sectores peronistas que habían sido relegados del propio peronismo, luego de la Masacre de Ezeiza, los asesinatos de la Triple A y quienes se vieron forzados a exiliarse durante la Dictadura Militar. No obstante, fue elegido candidato a presidente Ítalo Lúder, un hombre allegado a María Estela Martínez y José López Rega, quien había autorizado la represión contra la izquierda durante el último gobierno peronista. Aunque hay cosas en la historia que parecen no cambiar nunca, ya que, para asegurar el voto de los sectores populares y representados de alguna manera por las medidas sociales del peronismo de 1945, designaron a Deolindo Felipe Bittel como compañero de fórmula, un dirigente chaqueño conocido por la defensa de los derechos humanos de las personas perseguidas por los militares años antes. Así como Massa-Rossi hoy, la fórmula Lúder-Bittel, fue apoyada por varios grupos de izquierda como ser el Partido Comunista, Partido Comunista Revolucionario, el Partido del Trabajo y del Pueblo y la Convergencia para la Liberación Nacional. Mientras, muchos dirigentes provinciales peronistas, que habían mantenido cierto poder local durante la Dictadura Militar, por supuesto apoyaron la propuesta presidencial y significó el comienzo de la construcción de largos grupos de poder provinciales bajo la bandera justicialista (la Familia Romero el Salta, por ejemplo). Otra ventaja con la que contaba el peronismo era la participación todavía activa del sindicalismo en la militancia política. Sin embargo, las elecciones presidenciales de 1983 significaron la primera derrota del Partido Justicialista en la historia.

Completaron la competencia electoral el Partido Intransigente, el Movimiento de Integración y Desarrollo, la Alianza Federal, la Unión del Centro Democrático (UCeDé), el socialismo progresista y el trotskismo.

 

"Vote a un Menem y le saldrá un Alsogaray"2

 

Como dije, las elecciones de 1989 fueron adelantadas por la delicada situación en la que se encontraba el gobierno de Alfonsín: había dado marcha atrás en todos los juicios a los jerarcas militares, sufrió atentados y levantamientos armados por parte de estos, no pudo negociar nuevos o buenos arreglos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a pesar de que había asegurado que no iba a llamarlos y los formadores de precio habían llevado la economía a un contexto hiperinflacionario.

En conclusión, las elecciones se realizaron el 14 de mayo de 1989, cuando a Alfonsín todavía le quedaban ocho meses de mandato.

Los ganadores fueron nuevamente los peronistas, de la mano de Carlos Menem como presidente y Eduardo Duhalde como vice. La campaña electoral del Partido Justicialista se la podría definir como una de las mayores estafas al pueblo argentino en la historia nacional. Todas las promesas menemistas, sus discursos socialdemócratas y frases fantásticas como el “síganme, no los voy a defraudar” o la “revolución productiva”, más las infinitas referencias a discursos de Perón, llevaron a que gane las elecciones con el 47%, atrayendo una ciudadanía totalmente ingenua, pero necesitada de palabras de esperanza. Menem no coincidía discursivamente con sus contrincantes, pero terminó ejecutando los planes de ellos al pie de la letra. Es como que Massa gane las elecciones de ahora y termine llevando a cabo el plan de endeudamiento de Larreta o de recorte del gasto social de Milei (¿?).

Si bien las elecciones estaban polarizadas en dos partidos políticos populares y el radicalismo era una de estos, la fórmula Angeloz-Casella llegó debilitada debido a la situación social, política y económica a la que había llegado el gobierno alfonsinista. Sin embargo, la Unión Cívica Radical (UCR) consiguió mantener una base electoral del 37% en todo el país. Respecto a la postura de sus candidatos, Angeloz era un opositor alfonsinista, ligado a grupos concentrados de poder, sus propuestas manifestaban un fuerte plan de privatizaciones y sus discursos de campaña eran contrarios a los de Menem, aunque después demostraron que tenían más en común de lo que parecía.

El partido sorpresa fue la UCeDé, (partido donde se inició Sergio Massa) que llevaba como candidato a presidente al liberal conservador Álvaro Alsogaray, funcionario de las diversas dictaduras militares en Argentina y como candidato a vicepresidente a Alberto Natale, ex intendente de facto de la ciudad de Rosario, Santa Fe. Al igual que hoy con los liberaloides, este partido consiguió un 7% de votos haciendo una campaña acusando a la izquierda de los males del país y proponiendo medidas de ajuste, recorte del gasto social y privatizaciones. Perdieron en votos, pero de todas formas ganaron sus ideas con Menem.

Como dato histórico, para nuestra democracia negada, estas fueron las primeras elecciones en las que un partido de oposición le gana al oficialismo y la primera vez desde 1951 en las que se suceden dos mandatos constitucionales. También, cabe mencionar que fueron las últimas elecciones en las que se utilizó el reglamento electoral impuesto por las dictaduras militares.

 

“Usted sabe en quién confiar”3

Para las elecciones de 1995 en Argentina se estrenó la Constitución Nacional de 1994, donde establecía algunas novedades para el sufragio: elección directa de presidente y vicepresidente, balotaje en caso de que ninguno de los primeros dos candidatos supere el 45% de los votos obtenidos, recorte del mandato a cuatro años con solo una posibilidad de reelección, entre otras normas.

El proceso acelerado de privatizaciones y ventas de empresas y organismos nacionales, el Plan de Convertibilidad, el aumento del desempleo, la flexibilización laboral, la precarización y los empleos informales, la dependencia total del FMI y una fuga de capitales descontrolada llevaron a que una coalición de partidos liberales y conservadores estrechen sus manos con el Partido Justicialista y lo lleven a la victoria a Carlos Menem para continuar dirigiendo el Estado totalmente servil a la clase dirigente, durante un segundo mandato. La ironía de llevar en las boletas las imágenes y las consignas peronistas, no fueron un impedimento para hacer campaña. La fórmula la completó Carlos Ruckauf como vicepresidente y las alianzas fueron firmadas con históricos enemigos del peronismo, como ser los conservadores del Partido Federal o el Partido Conservador Popular y la mismísima UCeDé, de la que ya dije que fue el lugar de nacimiento político de Sergio Massa. Se podría decir que esta fue la primera victoria democrática de la derecha en Argentina, aunque tuvo que lograrla siendo furgón de cola del Partido Justicialista.

El enfrentamiento fue contra el Frente País Solidario (FREPASO), coalición que logró unir a los peronistas defraudados por la primera presidencia menemista, al Partido Intransigente, a los socialistas y a otros partidos socialdemócratas. El FREPASO estuvo representado en las urnas por José Octavio Bordón como presidente y Carlos Álvarez como vicepresidente. Al ser la opción más competitiva contra la propuesta neoliberal, se ubicó segunda con casi un 30% de votos conseguidos. Su campaña estuvo concentrada fuertemente en el fracaso, la corrupción y la desvirtuación del gobierno peronista, aunque también aprovechó para señalar a la UCR como funcional luego del Pacto de Olivos que parecía iba a significar una división del poder entre los dos partidos populares.

Y como no fue de esta manera, la UCR quedó tercera con Horacio Massaccesi como candidato y se rompió la suerte de bipartidismo que había en Argentina.

Completaron la contienda electoral algunos partidos de izquierda y el Partido Obrero que crecía de a poco. Sin embargo, el cuarto lugar fue para el nefasto Aldo Rico, que, a pesar de sus ánimos golpista, ahora utilizaba la democracia para convencer ingenuos.

 

“Dicen que soy aburrido”4

 

La victoria del peronismo menemista llevó a cuatro años de aceleración de los problemas sociales y económicos, aplicando recetas que imponía el FMI para seguir prestando dólares y mantener así la paridad peso-dólar. Como con todas las medidas liberales, los efectos directos fueron el desempleo y la pobreza, pero los daños colaterales, como la delincuencia, la marginalización extrema y la corrupción desvergonzada de los funcionarios, llevaron a que Menem pierda su popularidad, quien además estaba cada vez más alejado del Partido Justicialista.

Para las elecciones de 1999, la UCR y el FREPASO se unieron en la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, llevando a Fernando De la Rúa como presidente y nuevamente a Carlos Álvarez como vice. El 48% de los votos obtenidos por esta propuesta electoral fueron caracterizados principalmente por el hartazgo e indignación de la población con las medidas neoliberales, las cuales estaban llevando al país a una situación cada vez más delicada. La población eligió nuevamente por una opción que parecía en principio socialdemócrata, pero que su única representación de centroizquierda dejó de estar presente cuando el vicepresidente Carlos Álvarez renunció a la vicepresidencia luego de denunciar un escándalo de coimas y corrupción en el Senado de la Nación Argentina, que vinculaba tanto a dirigentes radicales como a peronistas.

La opción del peronismo, quien no abandonaba sus vínculos con los partidos liberales y conservadores, fue el Gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, acompañado de Ramón “Palito” Ortega como vicepresidente, todo un símbolo para lo que era la banalización de la política en el neoliberalismo de los 90. La campaña de Duhalde estuvo limitada en gran parte por el rechazo al menemismo y el vínculo innegable del Partido Justicialista con las medidas económicas implementadas.

Así mismo, gran parte de los votos menemistas fueron a parar a quien fuera la tercera fuerza de estas elecciones, la Acción por la República. El candidato a presidente era nada más y nada menos que el Ministro de Economía de Menen, Domingo Cavallo, quien había llevado al país a la situación de inestabilidad por culpa de su impredecible accionar e irresponsabilidad de sus decisiones económicas. Acompañaba la fórmula el salteño José Armando Caro Figueroa, otro delincuente de la clase política. Cavallo terminó siendo nuevamente Ministro de Economía, pero del gobierno de De la Rúa, imponiendo medidas aún más ridículas pero cada vez con mayores efectos nocivos para la sociedad.

La dependencia con el FMI, la inestabilidad política, la situación económica, el desempleo y la pobreza extrema llevaron al país a una de las peores crisis de su historia y un estallido social, el cual culminó con el asesinato por parte de las fuerzas policiales de treinta y nueve personas y cientos de heridos. Con este escenario Cavallo y De la Rúa presentaron su renuncia y el país entró en una crisis institucional que llevó a que se sucedan la presidencia Ramón Puerta (Presidente del Senado), Adolfo Rodríguez Saá (elegido por la Asamblea Legislativa), Eduardo Camaño (Presidente de la Cámara de Diputados) y Eduardo Duhalde (Segunda fuerza en las elecciones de 1999), hasta que se cumpla el periodo vacante y se llamen a nueva elecciones según los tiempos que marcaba la Constitución Nacional.

 

“Vengo a proponerles un sueño”5

 

Duhalde decretó una serie de medidas sociales para contener las protestas. Derogó la Ley de Convertibilidad, destinó fondos a cubrir necesidades básicas, imprimó monedas paralelas para reactivar la economía interna (LECOP, Patacones, Ticket Canasta), pero no eliminó la represión. Así es que las fuerzas políticas llegaron totalmente fragmentadas a las elecciones del 2003 donde se potenciaron más los caudillos provinciales que las opciones ideológicas.

Los comicios del 2003 no se completaron, ya que uno de los dos candidatos que llegaron al balotaje, decidió bajarse y darle la asunción al segundo. El 25 de mayo de 2003 asumió la presidencia Néstor Kirchner, el Gobernador de la Provincia de Santa Cruz, quien llegó al poder de la mano de una coalición disidente del Partido Justicialista, acompañado en su fórmula con Daniel Scioli.

La segmentación del voto estuvo marcada por varios factores: la deslegitimación de la clase dirigente seguía vigente desde el 2001, los referentes políticos de los 90 seguían insistiendo con acercarse a cargos de poder, el peronismo había perdido la unidad y la línea divisora entre conservadores y progresistas estaba cada vez más marcada, varios dirigentes del radicalismo fundaron otros partidos o pasaron a otros frentes. En el 2003 no había una opción viable para elegir y la desconfianza con la clase política era total.

El peronismo salió a jugar con tres fórmulas. La de Menem y Romero, que representaban lo más rancio del liberalismo peronista e insistían con las mismas fórmulas que habían llevado a la crisis del 2001; Kirchner y Scioli, que contaban con el apoyo de Duhalde y su campaña estuvo orientada en acercarse a los gobiernos progresistas de los países vecinos, quienes estaban marcando un clima de época que vendría después; y finalmente se presentaban Rodríguez Saá acompañado de un radical, Melchor Posse, aprovechando la visibilidad que había obtenido el puntano los días que estuvo como presidente y había anunciado medidas nacionalistas.

El radicalismo también estaba dividido en tres. La principal fórmula era López Murphy, ex ministro de Economía de De la Rúa y el salteño renovador Ricardo Gómez Diez, ambos conservadores dispuestos a continuar con el camino de los 90; en estas elecciones aparecieron Elisa Carrió y Gustavo Gutiérrez con el ARI, quienes, con un discurso de denuncias televisivas sobre la corrupción, pudieron posicionarse; en tercer lugar, estaban Leopoldo Moreau y Mario Losada, que representaban el ala más progresista de la UCR.

La izquierda pudo posicionarse en estas elecciones y de cara a lo que serían los próximos años y el Partido Comunista y el Movimiento Socialista de los Trabajadores se aliaron en Izquierda Unida, una coalición que llevó a Patricia Walsh como candidata a presidenta y a Marcelo Parrilli como vice.

Sin embargo, como todos fueron con partido o frentes distintos, los principales candidatos no obtuvieron más del 25% de los votos. Menem-Romero obtuvo el 24,45% y Kirchner-Scioli el 22,25%. Menem, al ver que las encuestas y la opinión pública se volcaban a favor a Kirchner, decidió bajarse de la contienda electoral para evitar la derrota.

Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación Argentina con el menor porcentaje de votos de la historia. Gobernó el periodo que le debía haber correspondido a Fernando De la Rúa desde mayo a diciembre del 2003, formalizando el inicio de su periodo presidencial finalmente desde el 10 de diciembre de 2003.

 

“Sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo”6

 

Luego de un proceso económico positivo, de recuperación, con aumento del salario mínimo y del poder adquisitivo de las personas, crecimiento de la obra pública y disminución de la pobreza durante el gobierno de Néstor Kirchner, se consolidó el kirchnerismo como fuerza autónoma dentro del peronismo y el camino quedó allanado para que Cristina Fernández de Kirchner sea la próxima candidata y vencedora en las elecciones del 2007, obteniendo un 45% de los votos. Como sería costumbre en los frentes posteriores del kirchnerismo, se hicieron acuerdos con diversos partidos desde la centroizquierda hasta la izquierda revolucionaria, acomodándose al contexto internacional donde se consolidaban líderes como Hugo Chávez o Evo Morales y el Socialismo del Siglo XXI era el faro de la época.

No obstante, Cristina Fernández llevó como candidato a vicepresidente a Julio Cobos, del radicalismo mendocino, quien luego de una polémica votación en el Senado sobre una ley para el cobro de impuestos a las exportaciones de soja, traicionó su alianza y abandonaría directamente el Frente para la Victoria.

Los otros candidatos fueron Elisa Carrió por la Coalición Cívica (23%), Roberto Lavagna por Una Nación Avanzada (16%) y Alberto Rodríguez Saá de Justicia, Unión y Libertad (7%). Si bien la campaña de la oposición se centró en la crítica al kirchnerismo por sus medidas populistas, quizás el único distinto fue Lavagna quien había sido Ministro de Economía de Néstor Kirchner y uno de los que había planificado la reactivación económica y este fue su capital electoral.

Cristina Fernández de Kirchner fue la primera mujer en ser electa democráticamente para la Presidencia de la Nación en Argentina. Comenzó en esta época una polaridad política que se extendería durante la próxima década, entre kirchneristas y anti-kirchneristas.

 

“Vamos por todo”7

 

La primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner terminó con una pelea abierta entre el gobierno y los medios concentrados de comunicación. Una Ley de Medios, necesaria para el desarrollo independiente de canales de comunicación en todo el país, llevó a un escenario de guerra abierto donde los principales diarios y canales de televisión se volcaron a un ataque planificado y sistematizado contra el kirchnerismo. Esto provocó la construcción de un nuevo sentido común en la sociedad que llevó a la intolerancia social y a la incapacidad de discernimiento de información al tener una visión totalmente sesgada por el anti-kirchnerismo de las cosas que pasaban.

No obstante, el peronismo pudo mantener cierto apoyo popular de los sectores progresistas, socialdemócratas y de la izquierda, acompañado de la estructura política con la que siempre contaron en provincias. Además, el impacto del fallecimiento de Néstor Kirchner, significó un revalorización del gobierno de este y los esfuerzos por resolver la situación económica a lo que nos habían llevado las medidas neoliberales de los 90. De esta manera la fórmula Cristina Fernández presidenta y Amado Boudou vice, alcanzó el 54% de los votos y el kirchnerismo renovó por cuatro años más.

La fórmula opositora estaba representada por Hermes Binner, del Partido Socialista y Norma Morandini del Partido Cívico. Esta alianza era una coalición de partidos críticos al kirchnerismo, pero socialdemócratas. Obtuvieron un digno 16% de votos y fue la primera vez que dos fuerzas de centroizquierda se enfrentaban directamente por la presidencia en Argentina. Muchos votantes anti-kirchneristas prefirieron votar al socialismo para hacerle frente a Cristina.

En tercer lugar, el radicalismo recuperó fuerzas y presentó al hijo de Raúl Alfonsín, Ricardo, acompañado de Javier González Fraga, un dirigente de los 90. Alcanzaron el 11% de los votos.

Por otro lado, los partidos trotskistas, tomaron fuerza y lograron su mejor votación histórica: 2,30% para Jorge Altamira del Partido Obrero. A partir de este momento cada elección fue romper su propio récord para la izquierda trotskistas.

Para estas elecciones, el Congreso de la Nación sancionó la Ley N° 26.571, aplicando el sistema de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para que se elijan los candidatos de cada frente primero.

 

“Pobreza cero, bajar la inflación y lucha contra el narcotráfico”8

 

Las elecciones del 2015 fueron las primeras en las que participaron jóvenes desde los dieciséis años, las primeras en las que ganó un candidato que no sea peronista ni radical, la primera en las que ganó la derecha con apoyo y alianzas propias, la tercera que fue necesario ir a segunda vuelta, pero las primeras en las que se realizó finalmente el balotaje.

El vencedor fue Mauricio Macri, quien venía de ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por dos periodos consecutivos. Macri representaba el empresariado nacional y su familia había tenido vínculos con la Dictadura Militar. Así también, los grupos empresarios de los que formaba parte fueron los más beneficiados por las medidas neoliberales de los 90 y muchas veces necesitaron de la ayuda estatal para no caer en la quiebra. El partido que fundó, Propuesta Republicana, aprovechó este apoyo de los grupos concentrados de poder para alcanzar la presidencia a través de una campaña electoral muy eficientemente gestionada a través de los medios de comunicación y las redes sociales, polarizando constantemente con un kirchnerismo que venía desgastado y en retirada. Mauricio Macri como presidente y Gabriela Michetti como vicepresidenta, obtuvieron el 81% de votos en las internas del Frente Cambiemos, el 34% en las elecciones generales y el 51% en la segunda vuelta. Mauricio Macri fue el primer presidente en asumir procesado por la Justicia Nacional y el que mayor número de causas judiciales tenía en su haber.

El peronismo llevó como candidatos al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli como presidente y a Carlos Zannini como vice. La campaña estuvo fuertemente centrada en apropiarse de la retórica kirchnerista y obtener el caudal de votos que hubiera acompañado a Cristina Fernández. Y si bien hubo un fuerte apoyo de los sectores kirchneristas a la fórmula y en las elecciones generales siempre salieron primeros, no pudieron ganar el balotaje.

El caso de análisis acá es la tercera fuerza. Sergio Massa fundó su propio partido, el Frente Renovador y se presentó con la alianza Unidos por una Nueva Alternativa, llevando como vicepresidente a Gustavo Sáenz, del Justicialismo salteño. Massa organizó su campaña electoral alrededor de una fuerte crítica al kirchnerismo, sobre sus planes económicos sociales, sus estructuras políticas, sus organizaciones juveniles y la pelea contra los medios de comunicación. Un tipo que había nacido de lo más rancio del menemismo de los 90 (la UCeDé) y que posteriormente se había vinculado al progresismo kirchnerista, ocupando diversos cargos (Jefe de Gabinete o Director de ANSeS), se metió de lleno a atacar parte de lo que fue su historia como político. Llegó a obtener un 21% y posicionarse como tercera fuerza para posteriormente hacer acuerdos tanto con el macrismo o el peronismo, siendo cómplice del retorno al FMI durante el gobierno de Cambiemos.

La cuarta fuerza fue la izquierda trotskista, quienes llevaron a Nicolás del Caño como presidente y a Myriam Bregman como vicepresidenta, obteniendo sus mejores resultados históricos: 812.530 votos (3,23%).

En el 2017 salió a la luz que la constructora brasileña Odebrecht, ceñida en uno de los casos de corrupción más grandes de América Latina, aportó dinero a las campañas de Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa.

La inversión mediática en la demonización del kirchnerismo a través de redes sociales y noticias falsas, llevaron a la soicedad argentina a votar un tipo imputado por la justicia y que acarreaba más de quince causas judiciales en proceso, mientras acusaban al gobierno de saliente de corrupción. Un fenómemo particular.

 

“Sin solo administrar la realidad ni tirarla por la borda”9

 

Desde el año 2015, Mauricio Macri solamente gobernó para sus aliados empresarios. Obedeció al pie de la letra los puntos económicos en los que tenía que trabajar, las leyes que tenía que derogar, pero no cumplió ni una de las promesas de campaña con las que estafó al ingenuo pueblo argentino. Las consecuencias de haber votado un tipo representante de los grupos concentrados de poder, propietario de empresas ociosas, que llegó a la Casa Rosada debiendo favores, fueron graves para el país. Una de las primeras medidas del gobierno de Cambiemos fue habilitar nuevamente la compra libre de dólares, provocando una seguidilla de devaluaciones del peso argentino las cuales fueron acompañadas con aumentos inflacionarios, que desembocaron además en una fuga de capitales mayor a lo que se vivía en las épocas del kirchnerismo. La única medida para palear esta situación que se le ocurrió al macrismo fue ir a tocarle la puerta otra vez al FMI y le pidió el mayor préstamo que un país tuvo con el organismo internacional: 50.000 millones de dólares. Las presiones y condiciones del FMI volvieron a ser agenda económica en Argentina y el resultado no fue distinto a las experiencias anteriores.

Mientras tanto, el peronismo se unía en un gran Frente, el de Todos, buscando sumar los esfuerzos para sacar del gobierno a Macri, más allá que hayan sido cómplices de la deuda contraída por Cambiemos. La mayor sorpresa de esta coalición fue la incorporación y el apretón de manos entre el núcleo duro del kirchnerismo y Sergio Massa. La segunda jugada estratégica fue la postulación de Alberto Fernández como presidente, una figura con imagen positiva dentro del peronismo, pero con el acompañamiento de Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. La fórmula obtuvo una buena aceptación y en definitiva buenos resultados. Ganó cómodamente primarias y generales obteniendo en esta última el 48% de los votos.

Por su parte, Mauricio Macri decidió presentarse nuevamente a elecciones sin importarle que los mismos grupos económicos no se lo aconsejaban. Propuso como compañero a Miguel Ángel Pichetto, un peronista de derecha, más allá que había criticado al populismo, pero le aseguraba un caudal de votos. Luego de perder en las PASO, hubo una corrida cambiaria que provocó el aumento acelerado del dólar y Macri hizo un papelón de irresponsabilidad política al asegurar que los mercados habían reaccionado así porque la gente no sabía votar. El frente llamado ahora Juntos por el Cambio obtuvo el 40% de los votos.

Como tercera opción quedaron Roberto Lavagna como presidente y Juan Manuel Urtubey como vice, alcanzando el 6%, bajo el nombre de Consejo Federal. El Frente de Izquierda repitió la fórmula Del Caño-Bregman y mantuvo el cuarto lugar.

 

En espera

 

El gobierno del Frente de Todos no quiso resolver los problemas de base económicos. No cuestionó la deuda con el FMI como había prometido, no mejoró las condiciones sociales y, al no querer ponerse firme con los especuladores financieros, provocó una crisis de devaluación del peso, que llevaron a un aumento del dólar del 400% (solo tomando el dólar oficial), desembocando en inflación y pérdida del poder adquisitivo. Alberto Fernández no tuvo el interés de pararse frente a los poderes económicos, principalmente al FMI y anular la deuda. Tampoco le importó sentarse con los formadores de precio y controlar la inflación que le llegó al 100% anual. El foco puesto durante los últimos años del gobierno del Frente de Todos estuvo en las causas judiciales de Cristina Fernández de Kirchner y la pelea de esta con el Poder Judicial.

Los problemas ocasionados por el macrismo que no pudo solucionar el peronismo, o no quiso hacerlo, permitieron además el crecimiento de una extrema derecha discriminatoria, violenta y radicalizada que presentará en las elecciones a un panelista de televisión llamado Javier Milei, quien llega con ideas inaplicables, pero con un sensacionalismo que aumenta las esperanzas de sus fanáticos.

Juntos por el Cambio finalmente llega con internas a las elecciones, batiéndose a duelo la presidente de Propuesta Republicana, Patricia Bullrich y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Ambos representantes del mismo proyecto llevado a cabo por Macri, contando con sus mismos socios políticos.

Lo más burdo de estas elecciones es la decisión del kirchnerismo de llevar como presidente a Sergio Massa, su ex enemigo, pero ahora representante de los intereses de la Embajada Norteamericana en Argentina.

Afortunadamente dentro del Frente de Todos, Juan Grabois, militante social, decidió postularse a presidente para hacerle resistencia a Massa. La particularidad de Grabois es que puede conseguir conquistar el voto duro del kirchnerismo que no quieren votar a un Braden simbólico, sino que, con sus propuestas de Tierra, Techo y Trabajo, parecida a la que proponían los bolcheviques en la Rusia zarista, puede llevar a sumarse un caudal de olvidados y defraudados por el Estado inútil.

Las PASO se realizarán el 13 de agosto del 2023 y las elecciones generales el 27 de octubre. En caso de que logren avanzar las candidaturas de Larreta-Morales y Massa-Rossi en las primarias, será la primera vez que se enfrentan dos partidos de centroderecha en Argentina. No importa cual gane, el futuro es peligroso.

Fernando Barbarán

Columnista Radio Novgorod

[email protected]

3875206852

 

 

 

 

 

 

1: Principal slogan de campaña de Raúl Alfonsín para ganar las elecciones de 1983.

2: El Partido Obrero fue el único partido que vaticinó lo que sería el neoliberalismo peronista y lo hizo a través de este creativo slogan de campaña que publicaron en sus medios oficiales de aquel entonces.

3: Principal slogan de campaña del FREPASO, tratando de dar vueltas las elecciones y ganarle a Menem. El uso de la palabra “confianza” apuntaba a los casos de corrupción del gobierno menemista.

4: De la Rúa había realizado una serie de videos donde uno tuvo gran trascendencia al inmortalizar la frase “Dicen que soy aburrido” que se completaba con “Será que no conduzco Ferrari”. Todos hacían alguna alusión a la fiesta y decadencia moral del menemismo en la política.

5: Néstor Kirchner asumió con un discurso lleno de consignas de trabajo y de políticas de gobierno que se hicieron realidad o se alcanzaron en gran medida. Dicha alocución comenzaba con esta frase.

6: Toda la comunicación política de la campaña de Cristina-Cobos, estuvo orientada en reforzar lo que se había hecho y seguir avanzando en lo que faltaba.

7: El día que Cristina Fernández asumió su segunda candidatura, pronunció un discurso donde proponía a la sociedad seguir avanzando en las medidas sociales. Sin embargo, el “Vamos por todo” fue sacado de contexto por los medios de comunicación hegemónicos y usado vilmente para demonizar la figura de Cristina, como una líder autoritaria. Esta metodología sería moneda corriente durante el último gobierno del kirchnerismo.

8: Las promesas de Macri fueron una estafa total. El problema fueron todos los ingenuos que creyeron en sus palabras. Concretamente, el macrismo no pudo hacer bajar la inflación, sino que la aumentó, no peleó contra el narcotráfico, sino que lo usó de excusa para reventar barrios populares y mucho menos generó pobreza cero, sino que arruinó el poder adquisitivo y el acceso al empleo de las personas.

9: En el acto de cierre de su campaña electoral, en octubre de 2019, Alberto Fernández había dicho que ellos no administraban la realidad, como los conservadores, ni querían tirarla por la borda, como los que se llaman revolucionarios, sino que buscaban cambiarla usando las reglas que existen. Definitivamente la mejor expresión de lo que fue su gobierno: miedo en tomar medidas, retroceso en las que se aplicaban, falta de liderazgo, decisión y una obsesión inútil de salir a aclarar todas las burradas que decía.

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