Miércoles 22 de Mayo de 2024

ACTUALIDAD

20 de julio de 2023

IDEOLOGÍAS NOT DEAD

Toda nueva elección nos deposita en el ominoso debate sobre nuestro sistema democrático, bah!, en realidad no es debate, es la incomodidad de cumplir una obligación cívica que siempre está plagada de contradicciones.

 Por Gonzalo Ramos 

Votar es una incomodidad “necesaria” para validar el sistema democrático, una forma de placebo social para quienes, la verdad, tienen nulo interés en la elección de autoridades.

La búsqueda personal de estar tranquilo, pasarla bien y evitar problemas va de la mano de vivir en una comunidad que tenga una estructura estable, no muy exigente, no muy invasiva.

Eso se trastoca cuando llega el momento levantarse e ir a hacer una fila para votar al candidato más seguro, más promisorio, dentro de lo mediocre para rápidamente volver a casa para prender la tele, la compu o seguir mirando el celu entendiendo que nada cambia demasiado por un voto y que hay que seguir sobreviviendo.

Así de hoscos estamos ante los escenarios electorales, los cuales se han vuelto cada vez más endogámicos, cada vez más nichosos y ghettizados, a la par de más furibundos y violentos. Entonces, vemos cómo las internas partidarias, no menguan en agresiones y carpetazos a cielo abierto, cosas que otrora tenían un velo de mínimo solapamiento. Esto tiene una explicación muy directa: a la clase política no le interesa el electorado, porque lo que se busca es la apropiación de aparatos electorales que actúan corporativamente por lo cual no hay que convencerlos, ya vienen convencidos de antemano (queda pendiente el análisis de los procesos de convencimiento no electorales), por eso nadie lee una plataforma electoral o una propuesta de gobierno al momento de su elección, lo que se vota son las representaciones o proyecciones ideológicas que la persona candidateada expresa.

Queda cada vez más claro que se elige por ideología y no por propuestas. Algo así como el derecho penal de autor que castiga a la persona y no la acción. Eso, para que Fukuyama se revuelque en su tumba, se llama voto ideológico.

Es súper interesante el giro que nuestra querida Argentina ha dado hacía una la ideologización del voto. Como antecedente inmediato podemos mencionar la llamada “grieta” que surge ante un contexto en el que el primer ciclo del periodo kirchnerista (la famosa década ganada), con el viento de cola de la primavera económica mundial, (las llamadas tasa chinas) produjo un shock económico positivo con algunos retoques a la política estatal sin alejarse de la estructura neoliberal, al contrario aprovechando la industria agroexportadora y la bicicleta financiera para generar más y más consumo. Ante este escenario de “robo de banderas” la derecha que venía sosteniendo su discursos por el lado de la pobreza y la falta de recursos no podía entrarle a un peronismo siempre habilidoso para mantener el poder, lo que hizo fue reinstalar la discusión ideológica: la guita, que no se podía negar que circulaba, era para los planeros y los pobres y no para la producción y la educación, hablándole a una clase media super beneficiada por las políticas de consumo del kirchnerismo pero que ideológicamente apuntaba a otro escalafón y es ahí donde surge el sesgo ideológico que venimos manifestando; fue esa clase media la que le dio la estocada al gobierno kirchnerista para entronizar a su aspiracional Mauricio Macri, que, básicamente, se encargó de hundirla en un pozo de depreciación y carestía para luego, Alberto Fernández darle el golpe de kncok out.

Entonces en esa puja por el poder donde la forma de gestionar los recursos, lo estatal y lo institucional no varía porque son todas expresiones de burguesías moderadas y tercermundistas que tienen como parámetro, más o menos cercano, la distribución del ingreso, siempre y cuando se garantice la renta de las corporaciones; lo que vuelve al centro de escena es la savia ideológica que cada uno detenta.

Gran dislocación se produce cuando las propuestas no son el centro sino lo aleatorio, porque vienen presupuestas con la personalidad del candidato. Ahí se puede notar una suspicacia interesante para estos tiempos: la polisemia personal, que vendría a ser como una sopa a la que uno le agrega el aditamento que mejor le parezca para que le sea más agradable, partiendo de que le gusta la sopa. Así vemos cómo se maquilla a un Milei, que es un loquito pero sabe de lo que habla, a Bullrich que viene de la juventud peronista combativa pero ya reflexionó y es una persona de bien, a un Larreta que es un tibio pero a la vez un tipo de gestión, un Massa que es un tránsfuga pero es el único que puede competir.

Así las cosas esa polisemia lejos de soliviantar el voto ideológico, como se podría apurar a vaticinar, lo que hace es reforzarlo porque se vota por lo que uno cree que es el candidato, más allá de lo que haga. Elecciones de autor al palo.

Hay elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias este 13 de agosto, vaya eligiendo qué traje le pone a su candidato.

 

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